¿Has pensado alguna vez en lo fundamental que es la forma en la que respiras? Respirar
por la nariz puede parecer algo natural, pero muchas veces lo ignoramos, y optar por
respirar por la boca tiene efectos invisibles que pueden afectar tu descanso, tu rendimiento
físico, tu salud bucal y tu bienestar general. Por eso, dedicarle atención a respirar bien
puede marcar una gran diferencia.
Cuando respiras por la nariz, el aire que entra es filtrado, calentado y humidificado. Eso
significa que tus pulmones reciben un aire más limpio, más adecuado para funcionar bien.
Además, se retiene mejor el dióxido de carbono, lo que contribuye a que el oxígeno se
distribuya más eficientemente a cada célula de tu cuerpo. Esa combinación te da energía,
mayor resistencia física y también te ayuda a mantener la cabeza clara.
Respirar con la nariz también activa mecanismos relajantes en el cuerpo. La respiración
nasal favorece el uso del diafragma y promueve la activación del sistema nervioso
parasimpático, que es el encargado de la calma, de la recuperación. En contraste, respirar
por la boca suele asociarse con respiraciones más superficiales, menos controladas, que
pueden generar más estrés, alterar el ritmo del corazón y complicar el descanso.
Además, la boca abierta al dormir se relaciona con ronquidos, sequedad en la cavidad
bucal, mal aliento, inflamación de las encías, e incluso riesgos más serios si se vuelve un
hábito constante. Mantener la nariz despejada y favorecer la respiración nasal puede ayudar
a evitar esos problemas, favoreciendo no solo la salud física, sino también una mejor
calidad del sueño.
Si buscas mejorar tus noches y tu bienestar durante el día, aquí van algunas ideas prácticas
que puedes probar:
● Durante el día, toma conciencia de cómo respiras: pon atención si tiendes a respirar
por la boca, especialmente cuando estás cansado o concentrado.
● Haz ejercicios de respiración nasal, inhalando profundamente por la nariz, usando el
diafragma, exhalando también por la nariz, de forma lenta y constante. Eso ayuda a
acostumbrar al cuerpo al patrón respiratorio ideal.
● Asegúrate de que tu nariz esté despejada: eso puede implicar limpiar bien el
ambiente, evitar alérgenos, usar soluciones salinas si hay congestión, o consultar si
hay problemas anatómicos que bloqueen el paso del aire nasal.
● Mejora tu ambiente al dormir: temperatura adecuada, buena ventilación, evitar
sequedad del aire, humedad equilibrada, y controlar los estímulos (ruidos, luz) que
pueden afectar la respiración y provocar que abras la boca sin darte cuenta.
Respirar bien no es un detalle menor: es una base para tener mejor descanso, menos
ronquidos, más energía durante el día, mayor concentración y una salud más equilibrada.
En Ronquido y Salud estamos convencidos de que pequeños cambios en cómo respiras
pueden generar grandes mejoras en tu calidad de vida.


